Contacta un asesor

El fútbol cambió y no fue en la cancha

23 de junio de 2026 Dra. Melina Sosa

La tecnología en el mundial tiene todo que ver.

No me sorprende la tecnología en el mundial. Conforme la tecnología se ha ido desarrollando, el fútbol lo ha ido integrando; por años hemos ido presenciando la adopción de las últimas tecnologías: sensores, GPS, VR. Esto se ha vuelto algo común en la mayoría de los deportes. Basta con observar la transmisión de las olimpiadas o cualquier torneo para detectar la última tecnología aplicada. No es la excepción la integración de la Inteligencia Artificial en el mundial 2026.
El fútbol ya no es solo un deporte, es un sistema de datos, tecnología e inteligencia que redefine cómo se juega, se consume y se monetiza.

Pero no siempre fue así.

En el fútbol antes del 2014 ya se incorporaban diversas herramientas tecnológicas como sistemas de comunicación arbitral, análisis de video, estadísticas básicas y dispositivos de seguimiento físico.

Sin embargo, estas tecnologías cumplían un papel auxiliar y no intervenían directamente en la validación de decisiones dentro del terreno de juego. El criterio humano seguía siendo el eje central del arbitraje.
Y luego vino el cambio.

A mediados de los años 2000, la incorporación del GPS permitió perfeccionar el rendimiento físico de los jugadores, comenzando un cambio paulatino pero evidente en el tipo de fútbol que estábamos acostumbrados a consumir. Aquí me detengo un poco y me salgo del tema estrictamente deportivo, porque hablar de tecnología en el fútbol es hablar también del impacto de la tecnología en la sociedad

La tecnología de los 2000s no solo transformó industrias: transformó generaciones. Cambió costumbres, estilos, formas de convivir, de comunicarse, de consumir y sin duda la forma de consumir fútbol.

Hoy sabemos que este cambio no es percepción, es medible. La forma en que las audiencias consumen deporte ha cambiado de manera significativa en la última década, impulsada por la digitalización y el acceso a múltiples plataformas.

Por ejemplo, aunque la televisión sigue siendo relevante, el consumo digital y en plataformas de streaming ha crecido de forma acelerada, con una migración evidente hacia experiencias más interactivas y personalizadas (Ross Video, 2025).

Además, este cambio es aún más evidente en las nuevas generaciones. Solo el 19% de los jóvenes afirma ver un partido completo, mientras que la mayoría realiza actividades simultáneas como usar redes sociales o navegar en otros dispositivos (PwC, 2024). Esto implica que el fútbol ya no se consume de forma lineal, sino fragmentada y bajo múltiples estímulos.

De hecho, más del 90% de los fans de la Generación Z consume contenido deportivo a través de redes sociales, ya sea mediante clips, resúmenes o contenido generado por usuarios, lo que confirma un cambio estructural en los hábitos de consumo (Deloitte, 2023). Asimismo, estudios muestran que alrededor del 74% de los jóvenes obtiene la mayor parte de su contenido deportivo desde plataformas digitales,    desplazando progresivamente a los medios tradicionales (Limelight Digital, 2026).

Esto redefine completamente la industria. El fútbol sigue siendo el deporte más popular del mundo, con más de 3,500 millones de aficionados globales, pero la forma de consumirlo ha cambiado profundamente (Limelight Digital, 2026).
La incorporación del GPS y sensores en los jugadores catalizó cambios en el estilo de juego. Pero si a eso le sumamos generaciones que necesitan experiencias más rápidas, que dejan de ver necesario ir al estadio, que consumen digitalmente, el resultado es evidente: el modelo de negocio del fútbol ha sufrido un declive en las últimas décadas.

Y esto es clave.

El mundial, que siempre se ha caracterizado por generar derramas económicas    vastas, enfrenta un contexto distinto. El fútbol, especialmente en América Latina, ha dejado de ser el producto dominante que era.
Y cuando cambia la forma en que se consume, inevitablemente cambia el negocio.

Este cambio no es percepción, es medible. En América Latina, el consumo de medios ha migrado de forma acelerada hacia lo digital, al punto que los usuarios ya dedican el doble de tiempo a dispositivos móviles que a la televisión tradicional, evidenciando una ruptura en el modelo clásico de consumo deportivo (Statista, 2025).

Esta transformación impacta directamente al fútbol como producto dominante. La televisión, históricamente el principal canal de consumo, atraviesa una contracción significativa: los ingresos del sector en la región han caído de 12,200 millones de dólares en 2019 a menos de 10,000 millones en 2024, con proyecciones de continuar descendiendo hasta 8,600 millones en 2029. Esto representa una caída cercana al 30% en menos de una década y evidencia el debilitamiento del modelo que sostenía al fútbol como producto masivo.

Además, el consumo del fútbol se ha fragmentado. Más del 50% de los aficionados en Latinoamérica    prefiere consumir contenido futbolístico en plataformas digitales como YouTube en lugar de televisión tradicional, y el 66% de los fans interactúa semanalmente con contenido generado por creadores o comunidades digitales.

Esto implica que el fútbol ya no se concentra en un solo canal dominante, sino que se dispersa en múltiples formatos, plataformas y experiencias.
Incluso dentro de sus principales productos locales, el fútbol muestra señales de desgaste estructural. En varios mercados, los modelos de suscripción para ligas locales presentan estancamiento, con bases de usuarios que no crecen y altos niveles de consumo ilegal, lo que refleja un modelo en crisis pese al aumento en el valor de derechos de transmisión (Dataxis, 2024).

Esto no significa que el fútbol haya perdido relevancia, sigue siendo    culturalmente dominante, pero sí que ha dejado de ser el producto único y central dentro del ecosistema de entretenimiento. Hoy compite con plataformas digitales, creadores de contenido, videojuegos y experiencias interactivas que capturan la atención de las nuevas generaciones.

Y es aquí donde cobra sentido la inversión e integración de última tecnología en el mundial 2026.

Porque esto no es casual.

En el mundial de Catar ya vimos un adelanto: el balón con un chip capaz de generar datos en tiempo real y ahora no solo se repite esa tendencia, se potencia. El nuevo balón antes capturaba datos ahora los integra en tiempo real con simulación e inteligencia artificial.

Y aquí es donde cambia el juego de verdad.

El tener datos no va más allá, pero tener datos, clasificarlos, discriminarlos y analizarlos, es decir, generar información, ya es otra cosa. Pero generar información en tiempo real ya es hablar de otra dimensión de negocio. Y si a todo este análisis le agregamos inteligencia artificial, estamos hablando del negocio del futuro.

Hoy, durante un partido, no solo  se  juega  fútbol. Se generan datos.

Datos del balón, de los jugadores, de cada movimiento, de cada contacto. Cámaras distribuidas por todo el campo capturan información que se integra en simuladores capaces de construir avatares casi perfectos de los jugadores. Se replica el juego, se proyectan escenarios, se combinan variables.

Se puede simular el partido. Se puede analizar el pasado, entender el presente y proyectar el futuro en tiempo real.

Y esto ya no es exclusivo del deporte. Es lo que vemos hoy en las grandes industrias. Entonces surge la pregunta: ¿por qué en el fútbol?

Porque la FIFA entiende algo muy claro: la información es control, y el control    es    dinero. Y hoy, el fútbol no solo se juega en la cancha, también se juega en los datos.

Cada partido genera cantidades masivas de datos. Pero no es el dato lo importante, es lo que haces con él. La inteligencia artificial convierte esos datos en información    valiosa, estratégica, indispensable.

Y no solo para la FIFA. También para los clubes. Clubes que están dispuestos a pagar por información detallada sobre rendimiento, estilo de juego, proyección de jugadores, toma de decisiones. Aquí ya no hablamos solo de deporte. Hablamos de negocio, de ventaja competitiva, de estrategia.

Y donde hay poder, hay preguntas.

La integración de tecnología en este mundial no responde a una moda. En estructuras como la FIFA, nada pasa por casualidad. Existen decisiones estratégicas detrás de cada implementación.

Pero esto abre un debate que apenas comienza.

Hablamos de regulación ética y democratización.
 

Porque al final, las preguntas son inevitables:

  • ¿Resulta ético el uso de esta tecnología?
  • ¿Es justa la competencia si no todos tienen acceso a ella?
  • ¿Quién regula el uso de los datos?
  • ¿Estamos frente a una nueva forma de monopolio, donde la información concentra el poder?
  • El fútbol siempre ha sido pasión.
  • Pero hoy también es datos, algoritmos, simulación y decisiones    estratégicas basadas en información.
  • Y entonces queda una última pregunta:
  • ¿La tecnología está mejorando el fútbol o lo está transformando en algo completamente    nuevo?
  • ¿O será que, al final, todo este avance nos está regresando a donde empezó todo: la esencia del juego?

Porque quizá el futuro del fútbol no está en hacerlo diferente… sino en entenderlo mejor.

BIBLIOGRAFÍA